06 julio, 2011

Personificación, antes que todo.



Como de esos soldaditos de plomo que nos regalaban cuando chicos, o como un completo sistema social, al que nos enfrentamos cuando grandes. Ni siquiera es algo social, es algo personal. Ya quedó demostrado y constatado que se rompieron absolutamente todos los cristales, ya no hay más vidas, no hay más ideas que proponer, cartas que barajar. Ni siquiera existe la fuerza ni las ganas de intentarlo nuevamente, por que ya nos ganó. Me explicó de una y mil maneras que el sueño es irrealizable, y que como todo ciudadano que fracasa hay que salir a buscar oportunidades en otros lugares. Suena descabellado, pero es la realidad. Esta noche el último gran ventanal fue atravezado por una lanza de un joven esperanzado cumplir el sueño de muchos. Ese ventanal cayó, se quebró y lo cruzó. Pero al otro lado no había nada más que hostilidad y una gran confusión,lo que generaba desentendimiento e indiferencia. Nunca supe si estaba alimentando su ego, si la lanza golpeo su cuerpo provocándole la muerte, o si en silencio la recojio para entregársela nuevamente y sellar el pacto en los fríos charcos de aquel parque. Como sale a veces en las películas, fue demasiado bueno para ser verdad, o fue demasiado bueno mientras duró. Pero la lección de todo hombre que cae es siempre positiva. Experiencia, fortaleza y convicción es la recompensa de todo naufragio. Un velorio más, una esperanza muerta enterrada. El cementerio adopta un alma más, y yo acá, prometiendo que esta noche no lloverá sobre mis ojos, convirtiéndome en un soldado de plomo más, enfrentando guerras falsas, que son sólo un juego.



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