Lo mira fijamente, sin saber que decir, y sin saber el final de tan ansiado momento. Quisá no es la oportunidad, no ahora, tal vez, y como siempre lo es, el futuro le entregue la respuesta, esperamos todos, que se resuelva a su beneficio. ¿Cuánto estará dispuesto a entregar por su obsesión?.
Como todos los Lunes, camina con desgano por la calle, escuchando música, sube al autobus y se marcha. En el camino no mucho que hacer, mirar por la ventana, tal vez analizar el movimiento de las personas que conforman su asquerosa sociedad, y si quiere impresionar, a la mano un texto de Weber. No sabe que se encuentra en un crucial día. Llega a su destino, esta vez no hay nada que hacer, se contenta, saluda, ríe, y parte rumbo a sus conocidos a escuchar la charla de un derechista, claro, por inferencia.
Anota, Tironi continúa con su Ciencia citológica, mientras apunta su dedo a la cien. Términa la tediosa charla y comienza el cotelé. Los mozos parecen ser presa fácil de nuestra poca educación, de a una entraban las golosinas en sus hambrientas bocas. De pronto, ahí, al frente, la excusa para reanimar su alma, para revivir el fuego de su existencia, y como si fuese una de esas espectaculares tomas del cine hollywoodense, el mundo se detuvo un instante para entregarle la respuesta. Sí, él no exagera, aquella excusa ignora, hasta el momento, que el mundo comienza a girar en torno a ese sueño. "No, será la única vez", dice. llega el momento de bajar del país de las maravillas, y una tenue brisa cae lentamente, como si su mente manejara la acción. Una locura toma posesión del autobús, la ley no se respeta en esta ocación. "Pa' que esperar que todo se puede arreglar", dice el Suko, tonteras de la vida. Pasan dos meses y todo está bien, cree.
Sueña con que lo mire fijamente, sin saber que decir, y sin saber el final de tan ansiado momento. ¿Cuánto está dispuesto a pagar por su obsesión?. Quisá cien pesos, quisá, toda una vida.
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